"El secreto está en saber escuchar esas voces dormidas"
Lucas Palafox, 1987

lunes, 31 de marzo de 2014

LA MAISON DU MOINEAU

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           En una de las mesas que adornan la entrada del prestigioso restaurant parisino “La Maison du Moineau” un hombre bien ataviado grita. El sujeto poseso por el histerismo sacude un pañuelo descolorido con su mano izquierda mientras, con la derecha, golpea el suelo en repetidas ocasiones con un bastón de empuñadura equina. Al mirar hacia arriba se encuentra en el enorme espejo que cruza el hall, entorna sus ojos y choca con su imagen que le tortura. Le aterra reconocer su rostro defectuoso, sin orificios, sin boca ni nariz, también sin ojos, ni orejas; le horroriza no ver cabeza sobre sus hombros ni hombros sobre su torso. Exasperado ante la impasividad de la muchedumbre amaga con un nuevo golpe de bastón, enérgico, brioso, potente; no tiene brazos y el garrote cae al suelo. El miedo lo anega e intenta huir inútilmente, sin piernas la fuga se transforma en un leve vaivén de su cuerpo incapacitado sobre el blanco inmaculado del piso.

En una de las mesas que adornan la entrada del prestigioso restaurant parisino “La Maison du Moineau” una señora de sombrero abombado mira estupefacta el inexplicable movimiento de un guisante retorciéndose en su plato.


Café on the Sant-Michelle. Paris "Alexi Zaitsev"

jueves, 20 de marzo de 2014

LABERINTO

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Tres puertas enfrentadas entre sí y yo en el medio. Elijo una al azar y entro. Delante un largo pasillo se escapa hasta extinguirse en el infinito, lo sigo. Camino por la galería algunos muchos metros hasta chocar con un gran muro que divide el sendero en dos vías contrarias. Izquierda y derecha. Cojo el de la izquierda. Escoltado por altas paredes de piedra zigzagueo, a un lado y a otro, a un lado y a otro y viceversa, cuando creo que me he perdido de nuevo encuentro una escalera que baja hacia arriba, la subo hacia abajo y al llegar a su último escalón aparece un triángulo con tres puertas enfrentadas entre sí y yo en el medio. Elijo una al azar y entro.



lunes, 17 de marzo de 2014

TRES CARICIAS PARA DORIAN

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Un cosquilleo como un beso de ojos.
Dorian se reconoce, es algo nuevo para ella pero siente la necesidad e intenta serenar al ave entre sus manos.

La demencia es una enfermedad que afecta a la razón pero Dorian también es artista.

Vive en un mundo sin voz porque la piensa inútil,
le obsesiona sentir, ser libre o salvaje como el remolino que aún guarda entre sus manos.

El calor que late es rojo animal y suave.
Su pasión es escapar, luego quizá quiera volar; el ave también lo quiere para él pero no le queda más hueco ya que la cicatriz de sus arrugas.

Dorian lo ha encontrado esta mañana en la habitación y lo ha hecho suyo, estaba en el alféizar de su ventana y no podía volar por eso lo ha cogido. Se lo ha quedado. Ella sabe reconocer las buenas obras
porque es artista.

Intenta escapar y lo agarra.
Intenta escapar y lo agarra.
Intenta escapar. Y lo agarra fuerte.
Ahora es más calor.
Se funde. El ave se escapa líquido entre sus dedos, ya es libre y aunque el calor ya no late sigue siendo
rojo animal,
y suave
como la miel
y la témpera.

La demencia es una enfermedad que afecta a la razón pero Dorian también es artista.


La témpera.
Hoy Dorian se ha levantado más artista y ha sorprendido al personal del centro.
Hoy Dorian ha decorado los muros de su dormitorio.
Hoy, Dorian se ha impregnado las manos de témpera roja y ha vuelto a sentir que también es artista.
Le incomoda. Le incomoda vivir ahora que no queda témpera, ahora que se seca la pintura de sus manos, y sus propias manos y sus uñas.
Le incomoda vivir ahora que deja de ser artista,
ahora que nota su razón,
seca.


miércoles, 12 de marzo de 2014

LAS MIL Y UNA CARA DE LA HUELLA

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     Esta huella no es sólo un surco en la tierra. 
     Sí tiene esa misma condición de permanencia en el tiempo pero es su parte física la que no comparte. A la huella que yo me refiero le encanta disfrazarse y mudar de piel tantas veces gusta, una maestra del mimetismo que en su interior guarda la idea de perdurar, de hacerse más y más vieja, disimulada siempre en las arrugas de nuestra memoria y en la complejidad laberíntica de sus fisuras.

     Un chusco de pan. Un chusco de pan hueco, despojado de miga, empapado de aceite y relleno de miga. He aquí una huella. Un disfraz, otra cara, otro papel doblado ocupando su conveniente lugar en una de las ranuras. Yo lo abro y lo cierro si quiero. Lo abro y lo cierro tantas veces me apetezca y después lo devuelvo a su ranura. Ahora la huella es una tijera, una tijera que se esconde en uno de los refajos del sofá, seguro para que yo la encuentre, aunque más tarde, mucho más tarde, en otro surco, en otra grieta. Agujeros de gusano, antes allí y ahora aquí, lo material convertido en volátil, lo concreto en abstracto como un vapor de agua. Un monedero. Un diminuto monedero sobre el que se abrazan amantes dos bolas de metal, muy celosas ellas, eso es sin duda otra de mis huellas, un borriquito, otra huella, una llave colgada en el pecho, otra, una mano dormida y macetas, muchas macetas. 
Una caja de dulces rellena de hilos y agujas y retales y remiendos. 

     Una huella es una marca que a veces duele encontrar aunque es un dolor extraño, que no duele. Un dolor que no duele y un dolor que si emociona. Un aguijón de sal, que pica y desaparece porque como ya sabéis, esta huella no es sólo un surco en la tierra, sí que tiene esa misma condición de permanencia en el tiempo pero es su parte física la que no comparte.