"El secreto está en saber escuchar esas voces dormidas"
Lucas Palafox, 1987

lunes, 16 de diciembre de 2013

VISIONARIO EN EL CORALIE

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    Tan sólo el joven Gabriel a bordo del Coralie, un único grumete en esta nave capaz de viajar en el tiempo, un tripulante capaz de contemplar escenarios para otros invisibles, donde bestias metálicas se sumergen silenciosas entre espuma de mar con la tripa cargada de marinos. Él dirige el navío, él explora los océanos, él alza la vista al cielo y lo adorna, si quiere, con enormes carruajes flotantes desde los que se observa la tierra, y se sueñan las estrellas. Es un corsario audaz, valiente y experimentado, pero sigue siendo un niño, y es precisamente por eso que al sentir la grotesca embestida le asalta el nerviosismo y corre hasta el telégrafo para solicitar ayuda. Pero en ese mundo solo cabe él, él y el agua que emana a borbotones, él y los tentáculos del cefalópodo atajando los ojos del mercante, él y el casco quebrándose bajo el intenso abrazo de su insumiso, él y su viaje en el tiempo, y su sueño a bordo del Coralie, y su insaciable sed de intromisión en una historia que no le pertenece, él, sólo él, solo. 
    Un instante, en medio de aquel caos oceánico y surrealista todo se detuvo en un instante. Un pequeño zumbido, una lejana abejera arañando el silencio vacío, suave, mientras desde la cubierta descendía ligada a un cabo una caracola suscitando algo en su interior, una voz aguda, casi imperceptible, un susurro. Gabriel acercó desconcertado el oído y entre el eco de las olas pudo percibir una voz que le decía: 

    - ¡Atienda Verne! Otra vez en las nubes…