"El secreto está en saber escuchar esas voces dormidas"
Lucas Palafox, 1987

domingo, 27 de octubre de 2013

FragmentaDOS

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I

"El alma de un Sureño yace corrompida desde que nace hasta que muere por eso el negro es el color de su suerte. Este es el lema que rezan los Sureños en su espalda, es el código, la ley, su religión y jamás hubo nadie por el que hacer una excepción y eso es algo que llevan marcado no tanto en su cuerpo como en su sangre (...)"



II

"(...) Entonces no hubo más sonido que el viento, no hubo mas olor que la tierra ni más luz que la tiniebla, en aquel instante en el que todo fue calma solo se escuchó una voz (...)"


José Carlos Casado Castro. 


Los cuentos no son otra cosa que historias y como historias incluyen unos personajes deseosos de contarlas ¿verdad?, error, en mi opinión esa simplificada concepción de cuento no es del todo compartida y es en cuentos como el que hoy descubro apenas dos pinceladas donde reconozco la realidad de mi propia reflexión. Un cuento es mucho más complejo, no obedece leyes ni pautas, porque son historias con personajes que nacen, crecen, viven, se enamoran, matan y después vuelven a enamorarse y huyen y sangran y sufren y ríen y lloran para enamorarse de nuevo y así mil situaciones, mil sentimientos, millones de vidas, millones y millones de secretos. Y quizás todo se reduzca a eso, los secretos, y el poder que ejercen sobre todas nuestras vidas, porque un secreto es mucho más poderoso que una vida, incluso que varias, tanto que las maneja fácilmente,  las aflige , las retiene y las perturba llegando a negársela a quienes no son capaces de soportarlo, el mundo entero obedece a la voluntad de sus secretos. Estoy seguro de que eso mismo me ha ocurrido con este cuento, el secreto que guarda es tan poderoso que lo mantiene preso ocultando su historia, sus personajes y mis palabras, pero me siento triunfador por haber robado dos de sus fragmentos y guardo la esperanza de volver hacerlo en otra ocasión, en otro tiempo, quizás, en otro lugar porque hasta la  más vieja de las historias anhela ser revelada.











domingo, 13 de octubre de 2013

LOS ANTIGUOS

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     Podrían coger tu cuerpo, fotocopiarlo, esculpirlo en roca, mármol o cera, recrear la copia más exacta jamás imaginada y sin embargo, no serías tú. Porque no somos el envase sino el contenido, estamos hechos de historias dispuestas a ser transmitidas y eso queda reflejado en todo cuanto hacemos, todo cuanto decimos, a cada expresión, a cada palabra porque somos el reflejo latente de nuestros antiguos. Ahora soy yo el que escribe pero he logrado comprender que muchos son los que dictan desde atrás, que estas manos que ahora reposan sobre el teclado son las mismas que hace cuarenta años ordeñaban el ganado en la cuadra de una pequeña aldea no muy lejos de aquí y que como mis pecas, son memoria de mi madre. Que mis ojos son guía como los fueron los ojos de mi padre y que en ellos queda impregnada la confianza de mi abuelo al caminar. La vida no acaba en la muerte, nadie puede hacer desaparecer el agua de un vaso rompiendo el cristal que lo guarda porque al igual que pasa en la vida, el contenido permanece. Se que es fácil hablar, incluso más escribir sobre la resistencia al miedo que la muerte irradia, pero quizás sea ella la que algún día te demuestre mis palabras. No es sencillo ver a tu abuela sobre un lecho de flores, rodeada de coronas que rezan mensajes de despedida, oculta tras un rostro inmóvil, falta de esa sonrisa que antes la llenaba de luz, pero si de verdad crees en lo que te revelo aquí, si de verdad haces caso a la sinceridad de mis palabras entenderás como yo que ella aun sigue aquí y fue al sentir la mano de mi padre sobre mi hombro cuando tuve la certeza de que nunca se iría, estamos hechos de historias y allí estaba él para atestiguarlo, igual que sus hermanos y sus nietos también repletos de ellas, dispuestos todos ellos a revivirlas, dispuestos a continuarlas, porque una familia se construye sobre el pilar de sus antiguos. 

     Mi abuela hace semanas que se fue pero permanece en mis vivencias, tan nítida como el lunar que adornaba su frente.



miércoles, 9 de octubre de 2013

CARTA DE DESPEDIDA

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         Si como gato es porque me gusta su carne, y punto. No tengo nada en contra de ellos. Reconozco que aterrizar en el Zoo la víspera de su cincuenta aniversario no ha sido algo de lo que me sienta orgulloso. Tampoco de matar a todos sus animales, incluido el que llevaba uniforme de seguridad. Pero si hubieseis visto sus caras, si al menos hubieseis tenido la ocasión de escuchar sus gritos, entenderíais que esta era la única manera que existía para liberarlos. Eso sí, de lo que no me arrepiento es de disparar a los enanos que se escondían, y sospecho que aún lo hacen, en la finca contigua. Tampoco de esos perros que envenené, porque de no haber llegado yo para mitigar su angustia, habrían acabado en las fauces del cocodrilo que guardaba en su bolsillo el anciano que dormía en la garita. 

     Queridos doctores os he dejado esta carta sólo para deciros que el único acto de locura que he cometido ha sido el de estar todos estos meses interpretando el asqueroso papel de un personaje que sólo vosotros queríais ver, y que esa cordura que tanto elogiabais no era más que una farsa siento deciros que os he ganado, os he engañado a todos.

     Supongo que ahora mismo estaréis muy cabreados, que saldréis a buscarme por las calles de toda la ciudad con el único objetivo de enmendar vuestro error, de devolverme a esa jaula, pero os diré algo, no volveréis a verme nunca más, en estos momentos estoy camino de la torre, llegar será cuestión de minutos y una vez allí subiré a lo más alto, entonces sólo habrá tiempo para despedirse de esta ciudad de mierda en la que vivís, pienso volar con el primer soplo de aire fresco que acaricie la veleta, y en esa misma dirección, porque eso es otra cosa que nunca os dije, también soy un pájaro.



Figura de César Rodrigo "Figurativas en Red"