"El secreto está en saber escuchar esas voces dormidas"
Lucas Palafox, 1987

domingo, 21 de diciembre de 2014

MIGA.

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   Arrepentido convirtió los peces en panes; entonces las aguas comenzaron a menguar. Instados por la porosidad de la miga los ríos retrocedieron, lentos, mientras en la costa las orillas alejaban sus márgenes hasta abrazarse sobre un desierto. Allí flotas enteras quedaron expuestas entre chuscos tostados por el sol. Y en las montañas campos atestados de hogazas pacían donde antes hubieron lagos repletos de truchas y salvelinos; los mares murieron de sed.
   En aquel tiempo el agua entregaba su espacio a la miga que, implacable, absorbió toda humedad existente en el planeta transformándolo en un mendrugo descomunal, como el pan que venden en mi pueblo.