"El secreto está en saber escuchar esas voces dormidas"
Lucas Palafox, 1987

jueves, 15 de octubre de 2015

DOMINGO



   Tengo en mente una mecedora y una cabeza de pelo blanco. 

   En el suelo de un basto patio un puñado de arroz atrae las hambres de un hocico que deambula ajeno al tumulto. Escribo arroz y domingo. Mi mente regresa y tras la puerta metálica del corral el gallo alardea sus instintos, allá donde la belleza se extingue sobre una alfombra de pecina y gallinaza. Apunto corral, gallinaza y portón. Las entradas de la casa son telas gruesas que cuelgan y el tejado del patín olas de uralita. Y cuando la mecedora traquetea liberada se acercan los gatos buscando la palabra dulce de una señora de nariz fría. Jazmín. Roscos fritos. Pilón. La luz del baño es un pellizco en la pared.
   Fuera los naranjos. Sus troncos divididos por el color blanco de la cal, como jeringos de feria. La fuente, los faroles ambarinos. Salamanquesas tras el vidrio, ese contenedor de metal y un anciano que camina despacio hacia mí con un cubo vacío en una de sus manos.
   Y al otro lado, el canal, y el sendero que se hace higuera cuando subimos la pendiente en una de esas bicis que cierran su cuerpo por la tripa. Entonces el pueblo es un reducto. Un grano de sal. La torre y su campana; y más allá la algodonera. El camino y las señoras que no callan. Ese fruto que explota en el llano, las alúas tras la lluvia, el silo; el viejo Renault. El perro-agujero. Y ese bigote deslenguado que solía pincharme en la mejilla. 

   Fui un niño en un pueblo que ya no existe.


PUEBLO EN BLANCO Y NEGRO. Agnes Fong- dibujos y palabras


2 comentarios:

Administrador dijo...

Precioso, poeta

Anónimo dijo...

qué sorpresa :)
El pueblo de mi infancia también es un pueblo que ya no existe.
Mis saludos.
Agnes F.